Varios sobre este eterno presente

jueves, 13 de septiembre de 2012

TIEMPO?


Disponer del espacio de vida como para efectuar un acto determinado, en forma alguna significa tener el tiempo para hacerlo.

 

Ese segmento dimensional al que denominamos tiempo, es como un tren que pasa delante de nuestros ojos. Siendo sus ventanillas los cuadros de los sucesos de nuestra vida, estos llevan siempre una misma dirección, de izquierda a derecha, sentido en que corre el expreso de nuestras experiencias. Cada imagen corresponde a un presente que transita siempre por el punto en que nos encontramos.

No nos es posible observar que contienen las ventanillas que aún no han llegado, aunque a veces percibimos que el convoy está por concluir su marcha.

En cambio, sí, conservamos cierto archivo sobre las que ya han pasado por nuestro sitio.

Dada la velocidad relativa con la que nos es mostrado cada acontecimiento, y teniendo en cuenta la precariedad del instrumental con que contamos para su observación y posterior análisis, la apreciación de los sucesos es solo referencial y altamente subjetiva.

Dentro de la ilusión de que existe un tiempo, esta contenido el concepto de que somos nosotros quienes viajamos en ese expreso observando desde dentro del mismo lo que ocurre en el exterior, y que cada individuo es poseedor de su propio vagón con un panorama esencialmente distinto al de los otros pasajeros. Sin notar que nos encontramos alineados como puntos de una recta viendo el paso del mismo espectáculo, cuya proyección difiere en función de las necesidades y decisiones de cada uno.

Las pinturas no son solo tridimensionales, según la capacidad de captación de nuestros sentidos, recibimos también otros estímulos a los que aún no hemos sabido calificar. De esta manera entran los sentimientos en el juego, acompañados por sugerencias tan poco mensurables como la intuición, las corazonadas o el deja-vu, por mencionar solo algunas ya identificadas. En tanto ese factor en común de la raza que se presenta como conciencia colectiva, inclina sin exigencias el resultado de nuestras elecciones en función de una deseada evolución comunitaria.

La creencia de que el elemento tiempo nos afecta, es una ingenuidad tan aceptada que, como todo lo que realmente se cree, no tiene más remedio que ocurrir; y ocurre. Más aún, siendo miles de millones de individualidades las que así lo afirman.

En realidad no existe prueba ninguna de que, tanto el cuerpo físico como la psiquis, deban decaer con el supuesto paso del tren. Cierto es que disponemos de una experiencia, a la que llamamos vida, y que por ser solo una de tantas, debe ser finita. No obstante, debidamente concluida esta, y en buen uso de nuestra conciencia, bien podríamos volver a ese punto desde el que hemos venido a realizarla, sin dolores, temores, enfermedades ni decadencia.

Por tanto, no es el inexistente tiempo el que nos mata, nosotros arruinamos nuestras herramientas, creyéndolo. Cuando “nos vamos”es porque ha concluido, por el momento, nuestro papel en la obra de la vida.

Es la estructura de un pensar condicionado, que nos precipita al abismo del fatalismo previsto en su recorrido de tour turístico para nuestro destino de incautos viajeros de lo conocido, y olvidado, es dejada sobre el suelo de esta “realidad” por aquellos que, valorando la creación, y a sí mismos como partes de ella, eligen observar la verdad que los rodea, quitando la vista de la proyección con que el paso de las ventanillas distrae a sus semejantes.

Estas personas, sencillamente dejan de pensar según las normas previstas para el estado de “normalidad” y se dedican a trascender la apariencia que surge espontánea de su uso.

Cuando aprendamos que lo común no es lo real, que la suma de creencias no es garantía de autenticidad, recién allí dejaremos de entretenernos con figuritas multicolores para sumergirnos en la majestuosa totalidad de la vida. Amplitud en la que sabremos que ese temido y tiránico tiempo es solo la pantalla de bruma sobre la que se proyecta la ilusión que debemos apreciar.

                                           

                                Filemón Solo                       

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