Varios sobre este eterno presente

viernes, 22 de junio de 2012

Una Cierta? Edad

    Es hora de hacer algo al respecto. Hay cierta edad en que la edad se hace cierta, y ciertamente el poseedor de la misma la recuerda en todo momento. ¡Como no hacerlo si cada cosa que ocurre en el día es para hacérsela presente!
Veamos, y para ver en orden comencemos por la mañana, en ese momento en que el protagonista de “ya pasados hace rato los sesenta” se levanta de su cama. Seguramente lo hace más temprano que en las dos décadas anteriores, la mayor parte de las veces para realizar actos que bien pudiera efectuar en las horas que siguen. Primer recordatorio.

Inmediatamente comienza a sentir, sí, a sentir que le duele la espalda, o cualquier otra cosa, que lejos de incorporarse con un salto lo hace lentamente, tal se lo recomendara el médico, y su primer pensamiento es para alguien que ya no está. Por la causa que fuera, pero ya no está. Segundo recordatorio.

Si bien casi seguro ya ha visitado el cuarto de baño durante la noche, ahora, en la mañana se permite mirarse en ese espejo que solemos tener allí colgado. No, nada diremos sobre la opinión del observador acerca de esta imagen, pero es el tercer recordatorio.

No se sabe bien el motivo, pero casi todos los que hasta esa edad han llegado, desayunan en soledad aunque vivan en compañía, y durante esta colación ¡meta máquina! Maquina y vapor, por los que no llamaron en el día anterior, por no tener a quien reprochar la falta de llamados, por la boleta de algún servicio, o por que le falta alguno de ellos. Y sobre faltas, motivos no faltan, jamás podrían porque se construyen allí mismo. Aunque lo disimulen, lo que realmente falta es optimismo, mismo-opti que antaño solían lucir a esas horas. Cuarto recordatorio.

Para quien las realiza, las tareas domésticas tomarían el quinto puesto en el ranking a causa de “ese” malestar <que ya no me permite..>, pero dejémoslo ahí, y que cada cual se lo ponga si es de su medida.

La salida a la calle es otro asunto. En esto no hay forma de engañarse, se camina lento, se conduce lento, y en ambos casos con lentes recetadas. La forma en que los más jóvenes los observan se evidencia ante apelativos con connotaciones cronológicas, tales como “abuela/o”, “don/ña” u un simple “señor/a”. Las cuadras miden doscientos metros y los cruces de las esquinas tienen ocho calles. Quinta conmemoración, y aún no hemos comenzado a tratar el día propiamente dicho.

Seamos sinceros y ahorrativos: a estas personas les molesta su cuerpo físico, tienen la emoción desgastada, y están notando que su mente suele escaparse para donde se le ocurre, o peor aún, hacer abandono de trabajo sin previo aviso.

Ahora a la frase que encabeza esta nota. ¿Vamos, o, no, a hacer algo al respecto?.

Si me responde que nada se puede hacer, ya tiene su respuesta.

¡A mí que me importa que se diga que el asunto es inevitable y demás tonterías apoyando un statu quo que a esto nos ha llevado¡

Tampoco me importa que me consideren demente. Si hace un poco de memoria son ellos, los locos, los que han tenido razón. A ver que le dicen nombres como Copernico, Galileo, Colón, Gandhi, y el mismo Jesús. Todos locos, locos para los “cuerdos” de su época. Pero sí que tenían la verdad que afirmaban poseer.

No, por supuesto que no existe “peso ni volumen” para comparación alguna con los nombres en ejemplo. Están en marras solo para demostrar que lo que se afirma “en todos lados” no tiene porque ser “la verdad”.

Bien, usted no tiene en su cuerpo (para aludir solo a lo físico) ninguna sustancia o elemento que lo induzca a desgastarse. Por el contrario, el organismo humano posee una organización maravillosa que hace que periódicamente sus células se renueven. Todas ellas, de forma tal de “ser otro” cada pocos años (o solo días, en caso de algunos órganos).

¿Qué hace que las nuevas tomen las características decadentes de sus ancestros celulares? Nada, no existe nada físico que lo motive.

Hay una teoría dando vueltas, pero, según creo, pronto dejará de hacerlo para convertirse en certeza. ¡Pero usted no espere a que el sistema consienta en que puede ser más joven, con la edad que sea! Esta teoría enuncia que uno envejece (cuidado, no estamos hablando de inmortalidad) solo porque CREE QUE ASÍ DEBE SER.

¿USTED QUÉ CREE?



¿Yo?, visto los tremendos errores a que hubieron arribado ciertas mentes preclaras del pasado, jamás me creo aseveración alguna. No estamos en condiciones de proyectar ninguna certeza hacia el futuro, por lo cual no permito que cualquier sapo, por más “evidente” que se muestre, me salte a la boca con el argumento de que “siempre” (¿qué siempre?) fue así. Claro que no.

No caeré en la prueba autorreferente, pero, en aras de un mejor futuro, debería creerme que esta actitud me ha dado grandes resultados; aún a los…, bueno a esta incierta edad.



                                 Filemón Solo


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