viernes, 8 de agosto de 2014

CAPÍTULOS


Los amigos
Mitos y más mitos sobre este tema, la irrealidad en que vivimos está sobradamente poblada de ellos. Pareciera que ante la cobardía de cavar en lo profundo, fabulamos sobre un presente apenas tocado por algunas leyendas culturales de un dudoso pasado de superficie.
El amigo entrañable, el tipo que te saca de apuros, y digo apuros, ese con quién compartís todo, y siempre te guarda en prioridad ante la “mina” de turno, se pierde en los relatos inválidos y floridos de narradores imaginativos, rescatistas lineales de la ilusión.
El arquetipo no existe.
El amigo, sin comillas, responde a una relación intermedia en la cual vos (y no tú) volcás (y no vuelcas) un porcentaje cualquiera de los acontecimientos de tu vida, y él hace otro tanto. Hasta ahí nomás.
Es posible que en tus comienzos, gloriosa época de la inocencia juvenil, hayas supuesto que tus amigos responderían en un todo a una confraternidad libre de competencias y saturada de fidelidad. Sí, es posible que más tarde, entre discusiones donde el filo de un comentario inoportuno sangró tu fe, donde hayas visto miradas de codicia dirigidas hacia la chiquita que tenías en trámite de levante, o alguna indiscreción impensada, te hayas, entonces, retraído como palpados cuernos de caracol. Hasta es posible, que hayan sido varios más los desengaños que te costara el darte cuenta de los ambiguos límites de la amistad.
Claro que compartirás momentos gratos, picardías que serán harto repetidas, y festejadas algunas décadas después, la secreta complicidad de un préstamo que te ayude en alguna eventualidad, pero lo profundo de tu interior, tus íntimas dudas, las grandes preguntas de tu existencia, no, eso nunca.

Lo lamento, amigo mío, la verdad es que estás solo. Pero lo peor no es eso, lo peor es que así seguirás.

                                                                Filemón Solo

domingo, 8 de diciembre de 2013

En mal "Estado"

"La democracia es el peor sistema de gobierno diseñado por el hombre. Con excepción de todos los demás".
Sr Wiston Churchill

"La dictadura se presenta acorazada porque ha de vencer. La democracia se presenta desnuda porque ha de convencer!.
Antonio Gala (1930-?) Dramaturgo, poeta y novelista español

"El elector goza del sagrado privilegio de votar por un candidato que eligieron otros".
Ambrose Bierce (1842-1914) Escritor estadounidense.

"La diferencia entre una democracia y una dictadura consiste en que en la democracia puedes votar antes de obedecer las órdenes".
Charles Bukowski (1920-1994) Escritor estadounidense.

    Digamos que, siempre nos resulta ilustrativo y es cuestión en uso, el ejemplificar una idea con una imagen de archivo, digamos, decíamos, que es algo similar a una red. Una red que está mucho más acá de esa conexión sutil que a todos nos vincula, y posee una estructura inalienable que nos viene incluida y que se relaciona con el propio origen de la civilización como ensayo de colectivismo. Desde luego que se trata de un inmenso error, algo tan grande y antiguo que por propia extensión y permanencia hace casi imposible su visualización. Es el caos organizado que, al ocuparlo todo, no se logra establecer su existencia dada la imposibilidad de comparación con un sitio donde no se lo encuentre.

Es un elemento antropoformo, claro que no por su aspecto humano, sino a causa de que estos, los humanos, son su exclusiva ingesta y sustento. Nuestra energía lo mantiene rozagante y pletórico de fuerzas como para continuar expandiéndose en todas las dimensiones; aún en la nuestra, interna y privada.

No siempre es perceptible su accionar, sus métodos van desde la burda actuación agresiva y avasallante, al más crónico y camuflado acto de anestesiado vampirismo. Siendo este último el que resulta más común y caro a sus gustos.
Pero, lamentablemente para la especie, se encuentra cubierto por una tétrica neblina que lo mantiene oculto a los ojos de la común inteligencia: el patético costumbrismo. Pocos son aquellos que logran visualizarlo en su verdadera dimensión depredadora. Pocos los “marginales” que observan aterrorizados como el monstruo succiona un porcentaje de cada dinámica humana.
El simple transito de un vehículo, el mero sencillo paso de un caminante, como casi todo acto cotidiano, le otorga un beneficio. Se encuentra anhelante, babeante en su codicia, aguardando el momento en que el neumático deba ser reemplazado o el calzado deteriorado suplido por uno nuevo.
Está presente en la mesa familiar, en el medicamento que por su causa se debe ingerir, y hasta en el cuarto de baño. Se nutre de la aspiración del humo del tabaco, pero también del lápiz labial que un beso amoroso hubo borrado. De cada cosa perecedera, así como de cada intangible servicio que el hombre, por él servilizado, necesita para vivir. El nombre de cada niño recién nacido, que un emocionado padre inscribe, lleva su impronta. Así como lo hará más tarde el enlace matrimonial del joven, y sin dudas, sus exequias.
Dentro de su congénita deformidad, guarda un lugar preferencial para los inescrupulosos que hasta allí lograron encaramarse. Son sus pálidas cabezas visibles, que de las otras también las hay, y ofician de dicotómicos directores de juego.
Descuidando la sana costumbre de bendecir los alimentos, nos maldicen salpicándonos con el espumarajo de sus gritos en la mentira de la diatriba. Pequeños muñecos de barro a los que la inconciencia de unos muchos ha otorgado cierta vitalidad, y a cuyos embustes y componendas, sus circunstanciales creadores hacen sordos sus oíos. Pero, al abrir los ojos desaparece la ceguera voluntaria, y de esta forma la malformación de los tuertos dejaría de ser un mérito.

Tal lo ya afirmado, la falta de límites de esta “cosa” lo alcanza a uno en cualquier sitio en que decida radicarse, y su poder termina solo allí donde lo hace la vida del damnificado. Por supuesto que esta muerte no redime a su progenie ni a ningún otro congénere. Todos, y cada uno, deberán continuar con su vasallaje. Claro que “sufrimiento que no se nota no produce dolor”.

                                         Filemón Solo



sábado, 3 de agosto de 2013

DE UN VIEJO RECORTE


Buscando, como otras tantas veces, algún elemento, por mí “guardado” para un uso futuro, se me presenta este viejo recorte de periódico del año 2008, uno de los muchos que solía hurtar en mis ratos de “café informativo”, cuyo título volvió a golpearme la atención con nuevas fuerzas y profundo horror, instándome, ahora sí, a hacer “ese algo” que a veces sentimos ante novedades de magnitud tal, que rompen nuestra habitual molicie, esa que ya no reacciona ante cualquier sorpresa menor a 6 grados en la escala de Richter.

Diario “El País”, 06/03/08, Montevideo

Más suicidios en el mundo que muertos por guerras, terrorismo y homicidios.






Veamos: en las guerras, se matan unos a otros por motivos varios, o sin ellos, el terrorismo asesina a inocentes con el único objetivo de hacerse notar y ganar posiciones que los acerquen a sus utópicos destinos. En ambos casos, el móvil es destruir vidas ajenas -cuantas más, mejor- en uso de una monstruosa patología humana.

El sistema reacciona ante estas anomalías, casi siempre a posteriori, y muy pocas veces en prevención de los hechos. Pero reacciona, reconoce la infamia y procede en consecuencia, y de acuerdo a su mejor criterio.

Sobre esto, me reservo la información (imprecisa, claro está) de cuál sería el destino de las víctimas. Porque “los muertos” siguen sus vidas, arrastrando los traumas inherentes al hecho terrible que los sacara imprevistamente de su estado de consciencia.

 “Los muertos que tú has matado gozan de buena salud”, del Don Juan Tenorio de José Zorrilla”.

 
Volviendo al tema en asuntos: Hay, aquí, en nuestro mundo, mayor número de personas dispuestas a abandonarlo ejecutándose por mano propia, que aquellas que parten imprevistamente a causa de actividades asesinas realizadas por terceros.

Acordemos que algo está muy mal. Sí, muy mal, desde el momento en que estamos comparando malo con peor. No obstante, el autor de la nota, toma al conjunto de “muertos” en forma violenta, y encuentra a algunos que han sido víctimas de sus semejantes, en tanto otros, la mayoría, fueron víctimas también, pero de sí mismos.

 
La mujer y el hombre nacen, en la inmensa mayoría de los casos, por propia decisión, sabiendo de antemano a qué pruebas se han de someter, y poseyendo un bosquejo de lo que podría ser su vida, según de lo que se provean y dispongan –lo recuerden, o no-. Pero jamás podría ser alternativa el quitarse esa vida que para su perfeccionamiento le fuera otorgada. Esto es interrumpir los tiempos de su desarrollo evolutivo, cosa que, intuitivamente, sabemos, no corresponde al proyecto previamente elaborado por… nosotros mismos.

Se sigue que un obstáculo de enormes proporciones hace olvidar al suicida el derrotero de su hoja de ruta, arrojándose al abismo, en la suposición de que eso pondrá fin a su dolor.

Acordemos que algo está muy mal.

La víctima de un asesinato, no está preparada para un intempestivo cambio de estado. Es comprensible entonces, que luego del evento que lo sacara abruptamente de su contexto, se sienta desorientada y necesitada de guía y ayuda en su nuevo medio.
Pero nadie, en buen uso de su razón, debería dejar su vida para abordar un tren, ignorando cual será su recorrido, y donde este ha de terminar.

Al suicida se le hace imposible sostener su situación. Llegó al límite de su tolerancia, los sentimientos (¡ay Dios!) lo poseen y no soporta permanecer en ella. Solo desea que todo termine y obviar este presente, que amenaza proyectarse a un futuro de sufrimiento imposible. Solo sale disparado de su cuerpo con la insensata esperanza de dejar junto con él, toda pesadumbre, pero el tren al que se monta regresará, irremediablemente, al punto en que fue abordado; mismo donde el ignorante pasajero deberá volver a pasar por similar situación, tantas veces, cuantas le lleve entender cómo resolverla sin intentar huir de lo que hubo generado.

Nada es igual a nada (en ambas acepciones del término), ni ninguna situación será copia exacta de otra; menos aún la forma y medida en que afectará a cada personalidad. Por esto, hay casos en que suponemos "suicidas" a gentes que, en realidad, no son tales. Todo es cuestión de proporciones; y me refiero al grado de la puntual intencionalidad en quitarse la vida, esto sobre un contexto de: falta de cordura, sacrificio en un supuesto bien ajeno, desequilibrio neuroquímico, enfermedad terminal, etc.

Pero, ¿qué hemos hecho de este mundo en el que existen, sin atenuantes, tantos inútiles intentos de deserción?, ¿cuánto padecimiento, rencor, y miedo se construye en vida, para ser liberado luego en el cuerpo emocional del planeta?, ¿es qué no notamos que esto va a contramarcha de nuestro giro evolutivo, qué a todos perjudica?, ¿es qué el supuesto  fracaso de nuestras mundanas gestiones laborales, económicas, o sentimentales nos transporta a estados tan extremos?, ¿Cómo es posible que otorguemos a estas circunstancias un valor tan grande, capaz de determinar el abrupto corte de nuestras vidas?

Escucho respuestas, yo encontré las mías. Pero no sin antes padecer una larguísima, terrible experiencia de grado extremo. Cierto que ya sabía que cada ronda debe ser completada, qué no hay salidas de emergencia.

                                                              Filemón Solo

 

 

 

 

 

 

 

jueves, 28 de febrero de 2013

LA EXPERIENCIA DE LA VACA


Bien sé que en los últimos tiempos he dejado de aportar a mis blog, las razones se mezclan con las excusas, tal y como tantas veces suelen hacerlo, y creo que este no es el momento para ninguna de ambas.

El caso es que deseo narrar una pequeña, y muy reciente, experiencia que me ha dado mucho en qué pensar.

Se me hubo encargado “subir” día por medio a Mallín Ahogado, paraje cercano a El Bolsón, para realizar allí algunas sencillas labores de cuidado y alimentación de los animales, habitantes de una hermosa chacra, cuyos propietarios se encuentran de vacaciones fuera de la provincia.

Ese domingo, luego de terminar los trabajos en el lugar, realicé un repaso sobre el listado mental que contenía las faenas encomendadas, concluyendo que todo allí estaba cumplido,  satisfecho partí del lugar.

El día martes, se me anoticia que el fuerte viento que trajo el temporal de ese mismo domingo en la tarde, había liberado la traba de la tranquera, y la vaca doméstica, movida quizá por la curiosidad que caracteriza a estas bestias, partió de la chacra sin rumbo conocido.

Inútiles resultaron los esfuerzos, averiguaciones, y rastreos realizados durante la semana en procura del hallazgo del animal y, en la medida que el tiempo transcurría, disminuían en forma inversamente proporcional, las probabilidades de encontrarlo. Y ya que en proporciones estamos, lo que sí aumentaba era mi preocupación, y la imagen de la vaca prófuga se me presentaba cada vez con mayor frecuencia, apareciéndose sin aviso en medio de mis pensamientos.

Así las cosas, cuando el sábado siguiente, nuevamente en la chacra, esperaba yo dentro del automóvil que menguara la copiosa lluvia. Detenido el vehículo frente a la tranquera, lado interior, llevaba en el baúl un trozo de fardo de alfalfa, a modo de sebo, y muñido de una soga que encontrara, estaba decidido a recorrer todos los callejones, consultar a cuanto vecino hallara, y volver…empapado, embarrado, de mal humor, y sin la vaca que, a estas alturas, vaya uno a saber donde podría haber llegado.

Cabe acá destacar, que los cuadrúpedos herbívoros, aquí, en la montaña, están habituados a recorrer grandes distancias, en procura de alimento y, aunque en esta época del año abundan los pastos, algunos animales ya están condicionados por la costumbre, y proceden de igual manera.

Esto, y otras cosas más estaban girando por mi mente, siempre con la misma imagen, cuando, al levantar la vista, la veo; ¡sí, a ella!, ¡Sí, frente a mí estaba la… bendita vaca!

Transitaba, casi al trote, por la ruta provincial 86, misma por la que se accede a la propiedad, en medio de charcos de agua sucia, piedras sueltas, y lodo, que suelen caracterizar esta vía de pésimo mantenimiento.

Al notar el vehículo dentro de la chacra detuvo su marcha, solo para amenazar continuarla inmediatamente al verme descender, y acercarme a la tranquera. En un rápido accionar, abrí el portón y, conteniendo el aliento, retrocedí para ubicarme detrás del automóvil. Pasados unos instantes de duda, la vaca ingresó a la chacra, ahora ya a la carrera, perdiéndose en la seguridad del bosque.

Desde el domingo de su huida habían transcurrido 144 horas aproximadamente. 8640 minutos durante los cuales el animal gozara de libre albedrio, pastando en las banquinas y callejones, sin descartar algún predio vecino que, a la sazón, estuviera accesible; ¡todos sitios que ya hubiéramos examinado! ¿Qué le sugirió acercarse justo en el momento en que yo me encontraba presente en un lugar de paso, allí donde no hay un porqué para detenerse?

La casualidad no es una opción con la que explicar este acontecimiento que, carente de toda relevancia, tipifica esas situaciones que todos bien conocemos por haberlas experimentado.

La inclusión de la “casualidad” en nuestro pensar, responde a un vano, aunque muy comprensible intento, de encontrar una ubicación a estos eventos dentro del orden de lo razonable. Para lo cual nos permitimos “salirnos” de la lógica secuencia de acontecimientos, donde la “causa” produce “efectos”, que luego serán causas para nuevos efectos.

Siendo esto axiomático e irrebatible, nos escapamos en busca de la “mutación”, “el efecto sin causa previa”: la imponderable casualidad, que solo es una excusa para justificar la ignorancia del porqué ocurre esto o aquello.

No es casual que una mujer fértil se embarace, ni que al señor que transita por la plaza se le vuele el sombrero.

La casualidad, no solo no existe, sino que no puede existir.

 

Bien, volviendo al tema que me he atrevido a presentar hoy, ¿Qué pitos trajo a mí a ese fugado rumiante en el oportuno momento?

 

                                                   Filemón Solo

 

  

 

 

 

martes, 18 de diciembre de 2012

EFEMÉRIDES


Será que prevalece la modalidad conceptual de mediados del siglo veinte como rémora que uno arrastra, pesadamente, entre estas ágiles novedades de la nueva centuria. Pudiera ser también que este observador sea un crítico consuetudinario, más allá de los tiempos. Pero existen eventos que los congéneres festejan, y que forman inseparable parte de su calendario anual y gregoriano. Estos acontecimientos rememoran situaciones muy caras al sentir nacional, lugareño o universal, según el caso. Ahora bien, posiblemente la estreches de las neuronas que esto dicta, no permita el ingreso a la comprensión del porqué de la aparición de distintos protagonistas actualizando el festejo de los antiguos sucesos. Igualmente injustificada es la aceptación de nuevos y exógenos personajes estacionando su localidad en nuestra cochera.

Veamos que para recordar debidamente el nacimiento de N.S. Jesucristo colgamos medias (calcetines), engalanamos un arbolito (pino, excluyentemente, y no abeto) y aguardamos que en la noche del 24 de diciembre descienda, ya no la gracia divina, sino un obeso ser híbrido abrigado por un atavío rojo, quien lo hará hábilmente por el conducto de la chimenea del hogar. No se preocupe, en caso de no poseer este adminículo en casa, el mítico descendiente de un extinto gnomo nórdico <cuyo nombre no recuerdo, y tampoco me importa>, encontrará la forma de colarse por alguna ventana.

El personaje en asuntos gusta portar una bolsa provista de regalos para los niños. Nuestros niños, a quienes les estamos practicando un lavado de tradiciones mediante el implante de una contaminante y vacua extranjería.

Para una mejor efectividad en esta obra de reprogramación, denominamos al tipo con el calificativo de “santo”, pero en femenino, o lo enaltecemos con un íntimo “papá”.

 

Esto se continúa con el conceder presencia a una “noche de brujas” de la que pocos conocen su procedencia, aunque todos la asuman originaria de un país del norte de América, con representatividad, precisamente, local. Circunstancia que obviamos en seguimiento de las inquietudes mercantiles de algunos interesados en hacernos “celebrar” cualquier cosa que involucre un cambio de radicación de nuestros billetes a sus bolsillos.

 

Recientemente ha arribado a nuestras amplias costas dispuestas a recibir “a todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino” un santo europeo, en cuya particular conmemoración se realizan abundantes libaciones alcohólicas. ¡Y ahí vamos nosotros! a beber fraternalmente a su salud. En tanto aguardamos que los importadores de ajenos mitos y leyendas nos continúen inundando con sus productos, en nuestra inveterada costumbre de comprar cualquier cosa, tal lo ya ocurrido con los chiches asiáticos.

 

Para los cristianos, la pascua de Resurrección conmemora precisamente eso: La resurrección de N S Jesucristo. Para lo cual la alegoría de los huevos de chocolate, escondidos u entregados <según los gustos> por pícaros conejos, se me hace un tanto descabellada y evidentemente irrespetuosa. No para su actor, quien, seguro, se encuentra más allá de las presentes tonterías, pero sí para los creyentes en esta doctrina, que bien deberían notar la desnaturalización de tan fundamental recordatorio; en lugar de dejarse seducir por estas “tentaciones” de chocolate”.

El caso es que esta costumbre sí viene con su historia. Los antiguos cristianos, tenían vedado en tiempos de cuaresma la ingesta de alimentos cárneos, lácteos y también los huevos. Aparentemente almacenaban estos últimos en espera del domingo de pascuas, oportunidad en la cual los repartían entre el resto de su comunidad, la cual, deberíamos suponer, estaría igualmente colmada de estos productos. Tiempo más tarde surgió la costumbre de decorarlos, así como la figura del conejo, aunque lo apropiado hubiera sido una gallina, con la función de esconderlos en los jardines para ser encontrados por los niños.

Siendo evidente que el cacao es originario de América, la “creación” de los huevos de chocolate es relativamente moderna en relación al origen del acontecimiento en asuntos. Resulta, y ahí vamos de nuevo, que esta es una usanza sajona que nos llega, una vez más, desde el norte.

Lo lamentable, tanto para este caso como para el de la natividad, es que las figuras sin importancia posteriormente surgidas, han devenido en representaciones centrales de las celebraciones, desplazando en la práctica de las mismas a Quien les hubo dado origen.

Respetuosamente, sugiero que nos dejemos de todo tipo y forma de “huevadas”. Mandemos de vuelta a casa al gordo abrigado, a las brujas, al santo del alcohol y a los conejos que esconden huevos de chocolate, rescatando nuestras propias raíces e instruyéndonos sobre el significado de “cada feriado”.

 

                            Filemón Solo

 

 

sábado, 17 de noviembre de 2012

PECADO

                                                     
                                        El más grande pecado es la ignorancia

Aquella que elegida, se practica

Sin preguntas el vivir no se complica,

salvando respuestas de implicancia         

 

Sucede que el saber nos compromete

Restándonos la excusa de ignorar

Nos hace responsables al actuar

y a mas duro juicio nos somete

 

Ignorancia, engendra incomprensión

Se nos confunde cultura con saber

Siendo este, el camino real del Ser

y aquella,... meramente información

 

Ilustrada, con ella, la ignorancia,

se distrae, en encontrar sabiduría

Si halla soberbia, se extravía,

sumándola, el ego, a su ganancia

 

Gusta la verdad, otros ríos navegar

No es la cultura puerto de destino,

quizá provisión para el camino,

rumbo a internos mares, donde anclar

 

                              Filemón Solo

 


 

 

 

 

miércoles, 26 de septiembre de 2012

EL INFORME DEL CASO


                                         Hoy fue encontrado con vida
                                         un hombre de cien años,     
                                         y libre de aquellos daños
                                         a los que la vejes obliga

Rodeado de extrañas cosa
y faltándole lo elemental,
se presume algo anormal,
pues llama a su vida hermosa

                                                            Tal corresponde a la ocasión,
                                         se labró rápido inventario
                                         Hallando magro mobiliario,
                                            ¡ y ninguna televisión ¡

 Cientos de libros y papeles
                                         -que se detallan por separado-
                                          y en las paredes, colgados
                                          mil máximas y carteles

 En el cuarto, sin somier,
 sobre el suelo, solo un colchón
                                          imágenes y un almohadón
                                          sin otras cosas que ver

                                          Ante personas calificadas,
                                          y luego de varias rondas     
                                                              ¡ la falta de un microondas,
                                                              quedó sin dudas verificada !

 No es hallado alimento,
                                          ni provisión de carne alguna,
                                          de ave, cordero o vacuna
                                          ¡ Las semillas son su sustento!

 Solicitada su filiación,
                                          se declara sin documentos
                                          Los hubo arrojado al viento,
                                          por molestarle en el pantalón

 Es informado del delito,
                                          que involucra tal proceder
                                          Argumenta “que no es su ser,
                                          quien figuraba en el escrito”

 “Con una foto de su exterior,
                                          y un numero cualquiera
                                          no podía mostrar quien fuera,
                                          y aún menos, quien él es hoy”

 El susodicho se empeña,
                                          en otra actitud extraña,
                                                                en conservar una telaraña
                                                                ¡ por respecto a su dueña !

 Balbuceando algo de “pránica”
                                          exhibe con profundo orgullo,
                                          un conjunto de raros yuyos
                                          a los que llama “quinta orgánica”

 Pese a vivir aislado,
                                          niega ser un ermitaño
                                                           “Orando por aquellos daños,
                                          que todos hemos causado”

 En función de lo actuado,
                                          ante los al pie, firmantes,
                                          se detiene al delirante,
                                          bajo sospecha de enajenado. 

            Filemón Solo

 

                              

 

 

 

lunes, 17 de septiembre de 2012

ATENCIÓN A LOS AMIGOS DE GREENPEACE

Ya firmaste la petición para que los directivos de la empresa EIDICO S.A. cumplan con la Ley de Bosques y cancelen los proyectos que violan la Ley de Bosques en Villa La Angostura. Ahora ayudanos a difundir esta campaña entre tus contactos
Compartí el reclamo en las redes sociales y por mail:
  • Invitá ahora a todos tus conocidos a que también se sumen al reclamo. Hacé click aquí o copiá y pegá el siguiente mensaje y envialo por mail a tus amigos:

Hola, ¿Ya viste este reclamo?www.greenpeace.org.ar/bosquepatagonico
Yo ya participé.
Los bosques patagónicos están en peligro. La empresa EIDICO S.A. esta promocionando grandes barrios exclusivos y una cancha de golf en Villa La Angostura. Este proyecto desmontará 1.100 hectáreas de bosques nativos con árboles de más de 100 años, valiosos en biodiversidad y una de las áreas mejor conservadas del país.
Los desarrollos no sólo provocarían un severo impacto ambiental sino que, además, violan claramente la Ley de Bosques.
.
Escribiles ahora a los directores de EIDICO, Jorge O´ Reilly y Patricio Lanusse y reclamales que, en cumplimiento con lo establecido por la Ley de Bosques, cancelen de manera urgente sus proyectos urbanísticos en Villa La Angostura. Entrá a
www.greenpeace.org.ar/bosquepatagonico
Un abrazo,
  • Difundilo en las redes sociales que participás:
    • Twitteá este pedido urgente, hacé click aquí.
    • Compartí la ciberacción en Facebook, hacé click aquí.
    • Compartí esta ciberacción en Sonico, hacé click aquí.

  • Si tenés Blackberry o What´s Up también enviale este mensaje a todos tus contactos.
"Los bosques patagónicos está en peligro. Decile NO a los countries de la empresa EIDICO que van a desmontar Villa La Angostura, violando la Ley de Bosques. Entrá en www.greenpeace.org.ar/bosquepatagonico"


jueves, 13 de septiembre de 2012

TIEMPO?


Disponer del espacio de vida como para efectuar un acto determinado, en forma alguna significa tener el tiempo para hacerlo.

 

Ese segmento dimensional al que denominamos tiempo, es como un tren que pasa delante de nuestros ojos. Siendo sus ventanillas los cuadros de los sucesos de nuestra vida, estos llevan siempre una misma dirección, de izquierda a derecha, sentido en que corre el expreso de nuestras experiencias. Cada imagen corresponde a un presente que transita siempre por el punto en que nos encontramos.

No nos es posible observar que contienen las ventanillas que aún no han llegado, aunque a veces percibimos que el convoy está por concluir su marcha.

En cambio, sí, conservamos cierto archivo sobre las que ya han pasado por nuestro sitio.

Dada la velocidad relativa con la que nos es mostrado cada acontecimiento, y teniendo en cuenta la precariedad del instrumental con que contamos para su observación y posterior análisis, la apreciación de los sucesos es solo referencial y altamente subjetiva.

Dentro de la ilusión de que existe un tiempo, esta contenido el concepto de que somos nosotros quienes viajamos en ese expreso observando desde dentro del mismo lo que ocurre en el exterior, y que cada individuo es poseedor de su propio vagón con un panorama esencialmente distinto al de los otros pasajeros. Sin notar que nos encontramos alineados como puntos de una recta viendo el paso del mismo espectáculo, cuya proyección difiere en función de las necesidades y decisiones de cada uno.

Las pinturas no son solo tridimensionales, según la capacidad de captación de nuestros sentidos, recibimos también otros estímulos a los que aún no hemos sabido calificar. De esta manera entran los sentimientos en el juego, acompañados por sugerencias tan poco mensurables como la intuición, las corazonadas o el deja-vu, por mencionar solo algunas ya identificadas. En tanto ese factor en común de la raza que se presenta como conciencia colectiva, inclina sin exigencias el resultado de nuestras elecciones en función de una deseada evolución comunitaria.

La creencia de que el elemento tiempo nos afecta, es una ingenuidad tan aceptada que, como todo lo que realmente se cree, no tiene más remedio que ocurrir; y ocurre. Más aún, siendo miles de millones de individualidades las que así lo afirman.

En realidad no existe prueba ninguna de que, tanto el cuerpo físico como la psiquis, deban decaer con el supuesto paso del tren. Cierto es que disponemos de una experiencia, a la que llamamos vida, y que por ser solo una de tantas, debe ser finita. No obstante, debidamente concluida esta, y en buen uso de nuestra conciencia, bien podríamos volver a ese punto desde el que hemos venido a realizarla, sin dolores, temores, enfermedades ni decadencia.

Por tanto, no es el inexistente tiempo el que nos mata, nosotros arruinamos nuestras herramientas, creyéndolo. Cuando “nos vamos”es porque ha concluido, por el momento, nuestro papel en la obra de la vida.

Es la estructura de un pensar condicionado, que nos precipita al abismo del fatalismo previsto en su recorrido de tour turístico para nuestro destino de incautos viajeros de lo conocido, y olvidado, es dejada sobre el suelo de esta “realidad” por aquellos que, valorando la creación, y a sí mismos como partes de ella, eligen observar la verdad que los rodea, quitando la vista de la proyección con que el paso de las ventanillas distrae a sus semejantes.

Estas personas, sencillamente dejan de pensar según las normas previstas para el estado de “normalidad” y se dedican a trascender la apariencia que surge espontánea de su uso.

Cuando aprendamos que lo común no es lo real, que la suma de creencias no es garantía de autenticidad, recién allí dejaremos de entretenernos con figuritas multicolores para sumergirnos en la majestuosa totalidad de la vida. Amplitud en la que sabremos que ese temido y tiránico tiempo es solo la pantalla de bruma sobre la que se proyecta la ilusión que debemos apreciar.

                                           

                                Filemón Solo                       

miércoles, 5 de septiembre de 2012

ENCUENTRO


Como siempre distraído,

no lo note, de momento

Era “yo mismo”escondido,

entre tanto ruido y cemento

 

Me observé muy sorprendido

Y al devolverme la mirada

me comprendí a mi perdido,

y que también yo me buscaba

 

No sabiendo si abrazarme,

o darme un golpe en la cara

Solo atiné a mirarme,

esperando que reaccionara

 

Aplaudía entusiasmada,

la gente que por allí pasaba,

y contemplaba embelesada,

al ver un tipo que se encontraba

 

Yo me hablé muy largamente,

sentado conmigo en la acera

Pero no me creí totalmente,

sabiéndome tal como era

 

Lloré acremente, en mis brazos,

y sonreí, en gratos recuerdos

Finalmente me di un abrazo,

sellando nuevos acuerdos

 

Y volví, juntos, a la vida,

dando el triunfo por sentado

Jamás habrá meta perdida,

para quien se hubo hallado

 

         Filemón Solo