jueves, 26 de abril de 2012

"ECORREA"


Dedicado a “nyc´s” y “vyq´s” de lo que fuera El Bolsón (RN) -2005-

“Ecorrea”-La epidemia que llegó a la Patagonia-

 Al tipo se le atraganta la expresión, cualquiera de ellas. Es lo mismo. De hecho son demasiadas las que se agolpan en la garganta pugnando por manifestarse en cada ocasión en que la cosa viene a su mente. Y la cosa es, que la cosa viene todo el tiempo. Ya lo padeció en otros purgatorios (aunque más tarde sean abolidos por la Santa Madre Iglesia), esto en relación con el efecto de la purga, elemento que según la RAE, y nuestra cólica experiencia, es la “Medicina que se toma para defecar”. Muchas manos ajenas se han ocupado de administrarle la fatal cucharadita motivadora de la inevitable evacuación de esperanza.

El tipo, tiempo hace que percibe los conocidos retorcijones premonitorios. El medicamento está, a no dudarlo, haciendo lo suyo. La señora de pelo cano que en la gran ciudad abandonara, entre muchas otras, el hábito de reflejarse más joven que lo que su cabello puede sugerir, no acusa los efectos. El señor que decidió que un sombrero de ala ancha condecía exactamente con el nuevo aspecto que imagina para este ámbito agreste, tampoco evidencia ningún cambio en su sentir gastrointestinal. No se ven reuniones en la salida del “super”, no hay “cartas al lector”, ni largas filas de anhelantes peticionantes aguardando se les atienda, algún día, en la nunca bien ponderada Defensoría del Pueblo.

El tipo ya sabe que la mayor porción de la heterogénea galería de sus circunstanciales coterráneos pertenece al grupo de los respirantes, amplio estrato humano que solo reaccionaría ante el caso que un par de dedos obturen sus fosas nasales. Aunque esta obstrucción solo representaría mudar por la opción de respirar por la boca, no más que eso.

El tipo ya no soporta los espasmos, ni la soledad del dolor no compartido de ver la estúpida depredación que la ilusión colectivizada de “un vivir distinto”, hábilmente ignora: la destrucción de cuanta cosa natural pudiera observar.

Siendo un delirante experimentado, logra visualizar las próximas villas de emergencia, la contaminación, la inseguridad y demás “prebendas” de las catedrales citadinas. En tanto las autoridades pugnan por obtener ese calificativo peyorativo: ¡el de ciudad! “Ciudad de m...” Claro, es distinto ser el funcionario de una ciudad “emergente” que de un Pueblo conciente.

Un día cualquiera, y no cualquiera de ellos, de mañana y no muy temprano, porque eso es cosa de escolares obligados, uniformados obligados, o ancianos desobligados, el tipo toma el mando de la que fuera moderna máquina hace nomás quince años, y se lanza a la ruta. Mientras se aleja va observando como el mocho dedo de la negligencia fue ubicando aquí y allá nuevos pobladores que, con pelo cano y sombreros de ala ancha, colocan su inexperiencia junto con algunos ovinos y/o bovinos, ambos incompatibles con el bosque que han venido a disfrutar; y también a destruir; pero solo un poco. Solo lo suficiente para hacer lugar a la casa.

La casa, el establo, el galpón y... ya que estamos, una pampita para que pasten los animales.

Mientras se dirige al medio de la meseta patagónica donde supone, pobre tipo, que no ha de hallar la destrucción en dos patas ni la burocracia de mil manos, va recordando el hermoso camino del Circuito Chico saliendo de Llao Llao, sin la mancha negra del asfalto que se tragó su poesía junto a los maravillosos árboles que la enmarcaban, ¡demasiados árboles! Recuerda a los lagos Uno y Dos antes de los rápidos del río Futaleufú, ya desaparecidos bajo una represa que mató, entre otras cosas, a la lógica, cruzando el continente con conductores de alta tensión para posibilitar una pujante fuente de cancerígena contaminación justo junto al mar. Mismo mar donde un sinnúmero de oportunas caletas de amplias mareas, proporcionarían abundante energía eléctrica. Luego, la celeste visión del Lacar, impoluto, y a la vera de lo que fuera un simpático pueblito cordillerano. Justo ahí, cuando estaba evocando el episodio de ese otro lago que “fue Escondido” y demás infamifundios, debió interrumpir su dolorosa retrospectiva, urgido como estaba a descender rápidamente del vehículo con apenas el tiempo para desabrocharse el cinturón. 



                                        Filemón Solo





                                                                   

viernes, 20 de abril de 2012

PENSAMIENTOS


El amor de pareja es tan perfecto, como el peor de sus integrantes,

o, tan imperfecto como el mejor de ambos.


La soledad no es la falta de otro, es la nuestra.

sábado, 14 de abril de 2012

DEPRESIÓN


DEPRESIÓN

                                      Alojado, que estuve en los infiernos,

con Suprema ayuda he logrado emerger

Las ansias amputadas por los yerros,

le negaban la respuesta a mi querer


                                        Arrollado uno mismo en su dolor

no logra consuelo en lo mundano

necesita tal voltaje en el amor,

que clama a Dios el tacto de su mano


                                           Sintiéndose caer a lo profundo,

no hay donde sujetarse, ni hay paredes

Muertos ya, los arquetipos de este mundo,

en un duelo con entierro de placeres


                                        ¡Incierto que se escuche el lamento

de otras almas igualmente condenadas!,

pues seria compartir el sufrimiento

y toda humana compañía, está vedada 


                                       Producto de una forma del sentir,

es lugar que no se halla en ningún lado 

Se llega caminando un mal vivir,

y solo escapa quien revierte lo creado 


                                       No hay ciencia que indique la salida

Si consejos baratos y gastados

Quien parte llevará siempre su herida,

y el temor de desandar los pasos dados


Filemón Solo.


jueves, 5 de abril de 2012

CUIDANDO A LA NATURALEZA


-¿Porqué no siembras ordenadamente tus semillas? ¿Es que no comprendes que al hacerlo según tu manera los brotes verán la luz en sitios casuales sacrificando la belleza del lugar?-

El anciano levantó la vista, y dirigiéndose a la dama que le cuestionaba trató de explicarle.

-Sucede, Señora, que cada lugar en este mundo es poseedor de una cambiante idiosincrasia, yo solo trato de mantener esas características en aras de la armonía que el sitio merece recuperar. Como no puedo saber cuál es la mejor ubicación para cada semilla, las arrojo al viento junto con una plegaria, en la esperanza de que sean guiadas y así todas lo encuentren.

Ella insistió -¿Cómo puede haber armonía en algo falto de programación y planeamiento? ¿En el mero azar?-.

El jardinero pensó un instante y respondió -¿No ha admirado la señora, la belleza del frondoso bosque más allá de las colinas? Allí donde cada árbol ha prosperado en el sitio indicado, pero no por la mano del hombre sino por su propio destino.

La aludida observó al bosque en su recuerdo, y dijo – Lo que creo es que deberíamos ir a ordenar ese lugar. ¡La naturaleza es tan descuidada!-



                                     Filemón Solo




lunes, 2 de abril de 2012

02 DE ABRIL DEL 2012


¡DÍA DE RECONOCIMIENTOS, INDIGNACIÓN Y TRISTEZA!

Por supuesto que, a este momento, ya llevo escuchados todo tipo de comentarios sobre la lamentable guerra de Malvinas. Son tiempos propicios para que el periodismo se extienda, como nunca antes, sobre anécdotas, estampas, historias y todo lo que le caiga en mano referido a ese acontecimiento. La política de hoy así lo posibilita, mañana podrá ser otra cosa; tal y como ya antes lo fue.

Estos Blogs nada tienen que hacer a los hechos históricos, no es su temática habitual, pero sentí una urgente necesidad de hablar en mi carácter de argentino y contemporáneo de estos eventos.

Si bien siempre descreí de las guerras, mi posición perdió solidez luego de la lectura del Bhagavad Gita. Y de esto van, ya no sé cuantos de estos, nuestros años.

¡Es tan complicada la idiosincrasia humana, qué en determinadas situaciones pareciera que la violencia, que de ella forma parte, debiera expresarse en actos de barbarie, cumplir su ciclo de experiencia, y así sublimarse en una forma superior del sentimiento!

No lo sé. En realidad me desespera mi incapacidad de obtener certeza sobre lo “conveniente”, o no, de la mayoría de los métodos del accionar humano, y sus resultados.

Hoy siento que debo rendir demorado tributo a las incontables acciones de valor, camaradería y sacrificio protagonizadas por los difundidos, pero aún más a los anónimos, héroes de Las Malvinas.

Aún en vida, o ya muertos, lograron en medio de situaciones extremas, extraer lo mejor de sí mismos, en un sublime acto de valor y entrega.

 Hoy, una vez más, me indigna que una “pro forma” preparada con malicia por un ser que canjeó su alma por la extensión de unos pocos años de poder, con la concreta colaboración de grandes –qué no importantes- “compinches” de otras fronteras, fuera incumplida, y tendida trampa de engaño en la que cayeran autóctonos necios incapaces, así como errados capaces, que, para hace treinta años, dirigieran los destinos de nuestro amado sitio en este mundo.

Me indigna la soledad, en que el “divorcio” con los poderosos, nos sumergiera. La traición de los vecinos, la fingida ecuanimidad, el incumplimiento de compromisos previamente establecidos, y la ausencia de los que creyéramos amigos –porque hermanos, hermanos somos todos-.

Me indigna nuestra falta de AUTÉNTICO reconocimiento a países como El Perú, que por el mérito de ese acto (no diré cual), de ABSOLUTA ENTREGA DESINTERESADA –entiéndase que hablamos de una guerra “previamente” perdida-, merece el mejor destino imaginable.

Me indigna la soberbia de ambas partes, las ¿injusticias?, la flagrante estupidez, y el desconocimiento de cuál debe ser el comportamiento HUMANO.

Pero, y sobre todo, me indigna: el dolor, el odio, el temor, y los sufrimientos allí experimentados. Todos estos sentimientos se han lanzado como sombras a la conciencia colectiva de la raza. Su sordidez y pesadumbre estará cargando sobre nuestra evolución, hasta que, una vez más, algunos decidan hacerse sacrificar en la cruz de la inocencia.

                                 Filemón Solo


viernes, 30 de marzo de 2012

ESTADOS


Estados

¡Sorprendente que insistamos en lograr una “línea de conducta”!
Sorprendente, pues nada en nuestro pasado, tanto personal, cuanto  histórico, nos la traza con su ejemplo. Y, sabido es, que somos  “consecuencia dinámica” de aquello que hemos aprendido.

No existen líneas rectas en la naturaleza, ni escaleras que lleven directamente al cielo, ni al infierno. Bueno, esto en el caso de que al suponer cierta su existencia, hubiéramos decidido montar esos escalones.

Estamos destinados -aún lo estamos- a permanecer en nuestras sinuosidades. Nos arrepentimos de nuestros errores, cargamos la vida con el peso de su recuerdo… ¡Y ahí vamos nuevamente!, ¡ y por más!

Deberíamos asumir plenamente esa inconstancia que nos caracteriza como raza (la quinta raza raíz, según creo recordar), y resignarnos felizmente a levantar desde el suelo de cada caída la experiencia que indudablemente allí se encuentra.

En lo personal, detesto los golpes en las rodillas y, por duro de entendederas, porto sin ningún orgullo, cantidad importante de cicatrices. ¡Qué no solo en las rodillas!

 Filemón Solo

Como ejemplo, aquí el cerro, ése, al final de mi calle, nos muestra la imagen de sus distintos humores.


El sol besa la cumbre y se desliza hacia otros paisajes



Tormenta sobre el cerro. En tanto pequeñas nubes se niegan a intervenir, flotando
en el faldeo

jueves, 29 de marzo de 2012

MI PERFÍL

Ampliación


                                                       LA BATALLA

Situado en el campo de batalla,
espada corta, carente de armadura,
que me proteja de sandez y de locura,
lidiando con el justo y el canalla

Aquí estoy en un mundo que no es mío,
y que decide su propia destrucción,
rogando se me envíe comprensión,
y cubierto el sentir por el hastío

Despertando en medio de la lucha,
veo rostro de hermano en el rival
Ya no es guerra, y sí cadalso medieval,
y yo el verdugo tocado de capucha

No se puede combatir con compasión,
y sin odio que lance la estocada
Pues esta será corta, o será errada
si a la mano la dirige el corazón

Si fuera un guerrero del amor,
se me hubiera provisto y equipado
con armamentos tan solo reservados
a combatientes dignos de ese honor

No hay emblema que luzca mi estandarte
en el fragor de la larga escaramuza
La voz de mando suena muy confusa
con gargantas gritando en todas partes

Algo hace que arremeta con porfía
Algo hace que baje yo la espada
Clarín llamando, ataque o retirada
Avanzo y retrocedo en cada día

El hecho de vivir me ha alistado,
en las filas de uno u otro bando
No logro comprender que esta pasando
Derrota y victoria, se han mezclado

Hay quienes me presumen caballero,
capaz de liberarlos de su encierro
Y serán el cortejo de mi entierro,
de quijote sin caballo ni escudero

Más otros recelan mi apariencia
                                             Rojo en sangre inspiro ese temor
                                             Solo de mis venas dimana tal color
que sangran en la cruz de mi existencia

Si de la torre logro a la princesa,
en aparentes tiempos de victoria,
ajeno es el reclamo de la gloria,
para sumarla al botín de su pobreza

Si la tregua permite un parlamento,
hablará la experiencia del guerrero
Quien sabe que en el día venidero,
será nuevamente en el encuentro

El combate pareciera ser eterno,
y librarse en los campos de este mundo
La causa vive allí, en lo profundo,  
donde cielo se confunde con averno

Vuelto ya a la tienda y agotado,
con deseo de una noche compartida
No hay amor que restañe mis heridas
¡Que triste es la vida del soldado!


 Filemón Solo
                        

martes, 27 de marzo de 2012

LA VISITA


No fue ese el peor día que hubiera tenido. Bien pudo haber pasado algo especial, pero nada que yo recuerde que justificara su aparición en esos momentos. Bueno, lo cierto es que allí estaba, parado frente a la reja de la entrada y en espera de mi presencia.
Nunca tocó ni se hizo notar de forma alguna, pero yo sabía que allí estaba. Sonreía ligeramente y algo en él me recordó a mi padre. Tal vez por los detalles de su impecable vestimenta, más cercana en su aspecto a la moda de los setenta que a ese presente de quince años después. Me quedé observándolo y aguardando escucharlo, que dijera algo. Pero, ¿qué podía decir?
Si bien yo, no muy claramente, ambos conocíamos el motivo que lo traía a mi casa en ese sábado por la tarde. Como respondiendo a un reflejo automático, le franqueé la entrada e ingresó lentamente al jardín del frente. Se detuvo unos instantes a admirar las rosas, con gran habilidad acomodó las espinosas ramas sin sufrir daño alguno, según un orden que, para ese entonces, yo ignoraba. Al terminar observó cada pormenor del entorno, sonrío nuevamente y pasó, sin aguardar sugerencia de mi parte, al interior de la vivienda. Allí, sentado sobre una silla del comedor de diario, volvió a su actividad de contemplarlo todo. Guardando absoluto silencio, me acomodé frente a él y esperé.
-¿Qué haces ahí sentado papá?- Me sobresaltó la voz de uno de mis hijos que salía hacia la calle. -¿Te encuentras bien?- volvió a preguntar. Lo tranquilicé sobre mi estado, y siguió su camino sin creer totalmente en lo escuchado mientras murmuraba – ¡Es muy raro verte a vos sentado, solo, y sin hacer nada!-.
Yo había propiciado este encuentro, es más, lo había invocado, y ahora estaba confuso ante una respuesta que, en el fondo de mi mente, no creía posible. Recuerdo haber objetado lo real de la situación con la indiscutible argumentación de que con solo un poco de inseguridad de mi parte el visitante jamás se presentaría, pero lo cierto es que allí lo tenía. Lo que nunca se me hubiera ocurrido suponer es que la contestación llegaría en la figura de un anciano parecido a mi padre.
Lo miré fijamente durante unos minutos tratando de comprender que esperaba que yo hiciera. Él, sumamente tranquilo, se mantenía callado y sonriente. Con esa actitud en nada me ayudaba, así nunca lograría saber sobre el próximo paso a seguir, ese que se suponía debía dar para entablar una comunicación. Después de todo, si se había molestado en venir a verme, era para que departiéramos sobre el motivo de mi llamada. 
Cuando iba a cometer la torpeza de hacerle una pregunta de circunstancias, me llegó claramente la idea de que todos los cuestionamientos ya estaban planteados, que mi silente interlocutor me entregaría las respuestas cuando lo creyera oportuno. Sin más me levanté para continuar con las interrumpidas labores de jardinería de los días sábado. Según lo presumí, él me siguió hasta el fondo de la casa donde, a medio podar, se encontraba la vieja higuera.
-Este árbol ha cumplido ya sesenta y siete años- digo, -durante ellos debió soportar muchas agresiones como esta y se encuentra muy dolido por lo que estás haciendo. ¿Es que no ves las huellas de anteriores mutilaciones? Déjalo ser según su forma-.
Su voz me sonaba muy conocida y la sorpresa me paralizó. Sin tomarme el tiempo para reflexionar pretendí argumentar a favor de la necesidad de la poda. Pero no volvería a cometer ese error, él tenía la verdad y sabía de la futilidad de mi réplica.
-Sus frutos, esos que son el motivo por el que fue aquí plantada, una vez caídos ensucian el lugar y nadie disfruta de ellos- dijo mirándome a los ojos -. La planta se ve hoy atrofiada por cumplir fielmente con la entrega que responde a su esencia- No había reproche ni enojo en su tono, sino cierta intimidad de quien reitera lo obvio a alguien de su afecto. –Ya deberías saber que los frutales no son todos iguales, y que solo algunos de ellos necesitan ser podados-, agregando reflexivamente -talcomo el impropio crecimiento de ciertos hombres-. Se acomodó luego en una de las sillas del jardín y volvió al silencio.
Mientras seccionaba las ramas cortadas para su destino de quema dentro del asador, recordé el disgusto que me producían las intimaciones de mi esposa para que podara esa higuera que “apestaba con sus frutos caídos”. Yo amaba a ese árbol y nunca había aceptado de buen grado ese trabajo de cirujano de la vida, pero cada año cumplía con el mandato.
Terminado el trabajo, espontáneamente, me senté sobre el césped junto a la silla de mi visitante. Esta actitud de discípulo ubicado a los pies de su maestro, quizá fuera la reiteración de alguna vieja práctica perdida en el olvido, pero me trajo una respuesta sobre la cual cavilar; tal vez algo con que mitigar esa crónica congoja que deambulaba por mi alma.
-Es solo nostalgia- respondió con naturalidad el visitante a la pregunta que nunca le fue hecha, al mismo momento en que mi mujer se acercara para despedirse, ya que partía de visita a casa de su madre. Tras un rápido beso me pidió que, “luego del descanso que me estaba tomando”, reemprendiera la tarea con la higuera, para que el próximo verano “esa cosa” nos dejara disfrutar del jardín.
Sin comentarios sobre la interrupción, el visitante continuó. –Nostalgia de otros tiempos y lugares- dijo, -A eso se debe tu tristeza. Siempre la has tenido, y de ti depende el superarla- y tocándome la cabeza, como se hace con un niño, acotó –Hay quienes se han percatado de su papel de extranjeros en este mundo de lo pequeño, aunque no comprendan los detalles-.
El golpe me dio de lleno, siempre me había sentido representando un puntual papel que no se correspondía con la improvisación que la vida me sugería. Confuso y necesitado de mayor información lo miré en busca de auxilio. Haciendo un gesto con los dedos me complació.
–Mira hijo, todo es cuestión de porcentajes. Claro que podrás tener un amor. Un pequeño amor. Así una pequeña ternura, algunos pequeños poderes, y pequeñas capacidades. Ocurre que tú que, como otros muchos, recuerdas el sabor de mayores porciones, padeces de añoranzas. Aún, y pese a no saber donde y cuando te fueron servidas, sientes su falta; es ahí donde te has quedado, olvidando ver tu presente-.
Juntando valor, tomé la decisión y rompí las reglas. -¿Podrías tú ayudarme evitándome este permanente desánimo?-. La respuesta no se hizo esperar, vino rápida, pero suave y llena de amor –Este es momento de entrega, no cortes tus ramas solo porque hoy no des valor a sus frutos. Te daré un consejo: coséchalos antes de que caigan al suelo, y ten por seguro que habrá quien guste de ellos-.

-Pero, ¿como es eso?, me dices que partió sin agregar nada más. ¿Solo para eso vino? ¿Y la puerta?, ¡tú no le abriste la puerta para que se marchara!-.

Con el tiempo he comprendido que a la generalidad de las personas no les interesa escuchar historias ajenas sino, por el contrario, poder descargar el peso, o mérito, de las propias. Ese entendimiento me ha hecho algo introspectivo y poco propenso a hablar de mí mismo. “Mudo”, solía decir mi mujer, cuando aún lo era. Pero esta niña demostraba tanto interés por el pasado de su abuelo, que me sentí obligado a levantar el encierro y permitir que volara hacia ella algún que otro recuerdo.

-No mi amor, no fue necesario que abriera puerta alguna, y en cuanto a lo que dijo…, bueno, eso fue todo lo que yo necesitaba saber en ese momento-.
-¿Y las ropas abuelo?, ¿Porqué se habría vestido de “antiguo”, sería para parecerse a tu papá?-.
-Eres muy inteligente hijita. La apariencia no solo puede abrir puertas, también corazones-.
-¿Alguna vez supiste quien era?-.
-Sí, lo supe, pero muchos años después-.
El creciente interés de la criatura la torna inquieta y ansiosa. -¿Quién, quien te lo dijo?-
-Nadie me lo dijo. No hace mucho comprendí que para ese tiempo del que estamos hablando, estaba yo necesitado de un buen consejo. De no haberlo tenido, el futuro hubiera sido muy distinto, y no solo para mí.
-Pero abuelo, tu tuviste quien te aconsejara.
-Si cariño, y también fue un gran gusto volver a ver esa vieja higuera tal y como era antes de que tu abuela la hiciera talar luego de mi partida.

                                    Filemón Solo


sábado, 17 de marzo de 2012

EL CIELO

Niño uno - Señorita, ¿a qué distancia se encuentra el cielo?-
Docente  -Bueno en realidad no existe el cielo. Eso que vemos es efecto de la luz solar sobre....
-Niño, interrumpiendo –El sacerdote dice que sí hay un cielo-
-Docente – Sí, claro pero ese es otro cielo y tiene que ver con la religión-
-Niño - ¿Hay un cielo para la escuela y otro para la iglesia?-

Más niños se suman al cuestionamiento

-Señorita, señorita ¿es cierto qué hay un cielo para los perros?-
-¿Y para los gatos Seño? Ellos no pueden estar juntos-
-Los ángeles se parecen a mi primito, que es un bebé- Dice otro
-¿Todos los ángeles son niños?- Pregunta una niñita
-¡Pobres los chinos! No hay ángeles con sus ojitos-. Se compadece otra
- Bueno, tampoco hay angelitos mujeres- Afirma alguien
-¿Cómo qué no hay cielo, si allí está mi abuelita? –Insiste el primero
-Docente – Yo quise decir que eso que vemos en lo alto no es cielo-
-Niño dos –Entonces ¿dónde está?-
-Docente – El cielo no es un lugar, es algo que ustedes no pueden entender aún-
Dentro del bochinche reinante se escucha una pequeña garganta emitiendo una lapidaria conclusión:   -¡Entonces nosotros no podemos ir al cielo porque no lo entendemos!-
-Docente –¡Claro que sí! Ustedes serían los primeros. Pero eso deben preguntárselo al cura-
-Niñita uno – Yo no conozco a ningún cura ¿No podré ir al cielo entonces?-
-Niño tres–Mi tío es cura, y me dijo que nadie nunca estuvo antes allí. ¿Cómo nos pueden enseñar si no lo conocen?- (El tamaño del cerebro de un pequeño no estrecha sus razonamientos)
-Niña dos –El cielo es solo para los mayores, aunque ellos tampoco pueden entenderlo. ¡Pero todos los ángeles son niños!-
-Docente, levantando la voz - ¡Basta chicos, estos temas no son para la escuela! -

Por una ventana abierta al “cielo”, alguien grita desde la calle - ¡A LOS LIBROS, NIÑOS,  RECURRAN A LOS LIBROS, APRENDAN RÁPIDO A LEER. TODO LO QUE DESEEN SABER EN ELLOS LO HAN DE ENCONTRAR. “ESTOS TEMAS (LOS FUNDAMENTALES) NO SON PARA LA ESCUELA” -

Glosario:

Docente: Paciente ser que tiene a bien tolerar a nuestros niños a cambio de un magro salario, volcando sobre ellos lo indicado por un escueto, paupérrimo, e interesado libreto oficial.
Maestra/o: Bueno, Maestro es otra cosa. Sería (no suele ser fácil encontrarlos) aquel que, en función de su conocimiento, puede contestar cualquier pregunta no curricular (Léase: “consulta esencial”)
Escuela (del griego schola, lugar donde se impartía conocimiento): Actual sitio de patético aspecto, donde se agrupa a los alumnos en función de sus edades. Suponiendo, a priori, que los años los igualan es sus facultades, y demás factores que hacen a cada individualidad. Allí se les administra un método sistémico de pálida instrucción meramente objetiva.

Filemón Solo
         


                                                                

martes, 13 de marzo de 2012

EN ALGO NOS PARECEMOS

 Nos reunimos para charlar sobre la posibilidad de realizar una transacción comercial. Ya sobre la mesa de las negociaciones, lo primero que se evidencia, desde un embozo muy matizado, es la suspicacia. Podríamos decir que es una concesión que hacemos a la ética, se trata de negocios y cada parte desea llevarse la mejor parte de la otra parte. Aunque esta perezca.

Nos sentamos a la mesa del café, todos somos amigos o, por lo menos, conocidos desde hace mucho tiempo. La conversación deambula por territorios comunes, mudando luego a confines totalmente imprevistos. Cada tertulio intenta dejar muestras de su capacidad, inteligencia, valor o probidad. Se sobredimensionan las supuestas luces ocultando los sectores en penumbras.
Esto, desde luego, todos los sabemos holgadamente. Muy pocos son los que consultan a sus congéneres sobre sus faltas, caídas, pecados y demás humanidades. Y lo conocemos a la perfección por ser una pieza de nuestra propia constitución.
Hay evidencia, la experiencia aporta el factor infaltable: desconfianza. No en inmensas cantidades, solo la necesaria disfagia ante cualquier sapo que el diserto de turno aumente desde su real tamaño de simple renacuajo.

Cuando usted sale de la reunión dominical en casa de su suegra, justo al arrancar el coche su señora le dice: Gordo, ¿vos le creíste al Cacho sobre ese asunto de la representación? Mirá que la Tota, en la cocina, a mí me dijo otra cosa, ese tipo se agranda como sombra al atardecer.
Es posible que usted ponga carita y no responda, pero no me negará que ya lo había pensado. No solo eso, al escuchar la sanata "del Cacho", se mandó una de Tarzán, por las dudas nomás, y de retruque.


El viernes por la noche, más relajado que en otros días, durante los cortes comerciales del la programa televisivo de sobremesa el tipo dialoga con la familia.
 ¿Decime Clara que pasó con esos pesos que teníamos guardados? ¿No se los habrás prestado a tu hermana sin consultarme nada?
¿A ver María Eugenia, a que hora volviste el sábado pasado? Mañana te voy a esperar despierto hasta que llegues, y mejor que....
Javi, ¿Qué pasó con el recuperatorio de ciencias naturales? Eso fue el miércoles, y todavía no me dijiste nada, etc., etc.

Bueno, ¿va quedando clara la cosa?

Terrible conclusión que nadie puede dejar de compartir: “No podemos, queremos, sabemos,  debemos, y otros “emos”, confiar plenamente en nadie, porque nosotros mismos no somos dignos de un crédito absoluto”. ¡Créame lo que le digo!

Filemón Solo

                                                                  

jueves, 8 de marzo de 2012

EL RESPLANDOR DE UN ALA



¡Gracias Héctor por la hermosa colaboración!
Ocurrió una vez…
Bajaba del subte, como todas las mañanas,
viajando mal, apretado, con calor humano,
con esa turbulencia de encierro que genera el subte,
en ese ir y venir de gente que es imposible
saber que piensa, y si piensa…
Salí en la estación Castro Barros de la línea A,
pensando sólo en qué operación inmobiliaria, (mi trabajo),
estaría esperándome. Una forma de generarme algo de inquietud
para un día martes, ¡con lo que significa martes!
Subí las escaleras, y al salir vi a tres chicos,
dos varones y una nena,  sentados en el umbral de un negocio,
comiendo  pan, que, generosamente…? una panadería importante,
seguro, por pedido del niño más grande, que no llegaría a los 10 años
 les había dado.
Estoy acostumbrado a ver esto, en un país que
no logra salir de su mediocridad a pesar de los años, pero no sé
porqué circunstancia, quizá porque tengo dos nietos, que pensé
en la edad de esos chicos, tendrían 10, 8 y 5 años, y me dio una
rara sensación que no se llama lástima - porque para mí esa
es una palabra sin fondo-,  sino la emoción de hacer algo. Me acerqué
fijándome que no hubiera algún mayor que aprovechara
la ocasión para apilarse, y les pregunté si querían tomar
 un vaso de leche fría, ya que el calor comenzaba a sentirse.
Asintieron rápidamente, y el mas chiquito me agregó “y una galletita”
Fue un golpe, los llevé a un quiosco de esos que tienen unas máquinas
que con varios tipos de café, tomé un vaso grande para cada uno,
los llené de leche, y les agregué un alfajor  triple a cada uno.
Eran muy educaditos, los más grandes me agradecieron, y el mas chiquito,
extendió su mano, y me dio un muñequito que tenía como alas,
tipo angelito de torta, pero con una de ellas rota. – “para vos”, me dijo –
y sin más, se fueron muy conformes.
Quedé satisfecho, miré el muñeco, y lo puse en el bolsillo del saco.

Tuvimos un día movido en la oficina, llamados, consultas,
visitas al edificio a estrenar, y, faltando poco para irnos, me indica
la recepcionista, que una señora joven preguntaba por mí.
Me acerqué a la puerta y la vi, estaba en una silla de ruedas. Corrí los
sillones  de mi escritorio para darle lugar, y me dijo – “¡No!, que ella
se pasaba a los mismos porque eran más cómodos”-. Me propuse ayudarla,
pero en un instante estaba sentada frente a mí. Me sorprendió, solo
me percaté, disimuladamente, que no tenía pies. La escuché con la mayor atención,
y  ante mi clásica pregunta: ¿en qué puedo ayudarla?, me respondió: que en nada,
solo venía a agradecerme en nombre otra persona, además agregó -“quiero
dejarle este pequeño presente”-, en tanto me entregaba
una cajita de terciopelo blanco, cosa que nunca había visto.
Intenté abrirla, y ante mi asombro, me pidió que no lo haga
sino hasta que ella se hubiese retirado. Así pasó rápidamente del sillón
a la silla de ruedas. Me levanté, y le expresé que mi intención
era ayudarle pues  había notado su falta de pies... Me miró, se sonrió,
enfiló para la puerta, y en voz baja y suave, me dijo
-“No se necesitan pies para volar….-”. La saludé, giré hacia mi escritorio,
mientras la recepcionista sostenía la puerta. Abrí la cajita que
tenía en la mano, y para mi sorpresa tenía un ala rota, ¡solo un ala rota….!
Busqué el muñequito del chico de la leche, y, raramente: ¡coincidía perfectamente!
Corrí, salí a la calle para verla, pero ya no estaba. Pregunté
al  verdulero de al lado, al “trapito” de la cuadra, que siempre
esta  frente a nuestra oficina, al encargado de enfrente, y nada...
Nadie supo decirme nada.
Solo vieron, coincidentemente, un resplandor, como un relámpago,
¡Pero el cielo estaba despejado…!
                                                                     Héctor Julián
 

miércoles, 7 de marzo de 2012

¿ME MUERO?, ¿SOY INMORTAL?

 Hay oportunidades en las que uno, sin abandonar la suave comodidad de las creencias con las que se arropa, se permite la, +o-, imparcial consideración de otras alternativas conceptuales.
Es que la incógnita, esa inmensa incertidumbre que subyace debajo de la distraída y estúpida, cuasi seguridad, que exhibimos en lo superficial y cotidiano, la que nos obliga –depende de nuestro permiso, o su intensidad- a buscar respuestas. Cosas firmes a las asirse ante el primer ventarrón que nos haga tambalear. Bueno, el primero, el segundo, las tormentas, temporales, y ´”ecxt.´s”.
Así, es que algunos de nosotros –aunque sospecho que, en el fondo, todos lo hacen- vamos aferrándonos a las lábiles enseñanzas arrojadas por las fábulas que vivimos; y es muy comprensible que así sea. Resulta que arribamos a personales conclusiones, quizá con ciertos rasgos de generalidad, pero, al fin y al cabo, muy personales.
¿Cómo es que un tipo que se está pasando esta vida habiendo obtenido el axioma de la inmortalidad como patrón de medida, pueda siquiera considerar otra opción? ¡Vaya, que lo inmortal es absoluto!; más aún: ¡absolutamente absoluto!
¡Cuidado viejo con las afirmaciones categóricas!
Yo, tú, él, nosotros, y demás, todos somos inmortales. Esto es indudable, especialmente en estos tiempos donde la ciencia vuelve con renovada fuerza a co-crear una nueva ¿religión? Poco a mucho estamos aprendiendo sobre cuántica y porqué aquello de que la materia es energía “congelada” según un molde. Ojo, que solo a nuestra vista.
La energía cambia, vibra, es lo que a todo compone, y muchos atributos más. Pero ES INDESTRUCTIBLE. Claro que todos nosotros somos eso: ENERGÍA; eternos, indestructibles (sí, eso dije) y, en muchos casos “condensada” en algo tan hermoso como una bella mujer, o un bebe.
Pero, ¿Y eso de la muerte? ¿Qué pasa con la muerte?, quizá, si tengo la fortuna de contar con suficientes lectores, daré más adelante una descripción más o menos detallada de lo que ocurre más allá de este fenómeno. PERO NO EN ESTE MOMENTO, ahora estamos en otra cosa: ¿MORTAL O INMORTAL? (No voy a caer en la estupidez de decir: “¡Esta es la pregunta!”)
AL TEMA: ¡AMBAS POSIBILIDADES SON CIERTAS!, Y NO SOLO ESO, UNA ES PARTE DE LA OTRA.
Veamos. Vinimos al mundo por algo (por ahora no ampliemos), fuimos creando una conciencia de nuestra propia existencia y generando un paradigma de comportamiento al que llamamos PERSONALIDAD. Cualesquiera sean sus atributos, la personalidad resulta de gran utilidad para sobrevivir en este medio. ¿Se ha escuchado sobre algún humano que adolezca de la falta (absoluta) de personalidad?, NO, NO ES POSIBLE. Claro que existen patologías, pero que está, está.
¡MOMENTO, momento! ¿Quién fue creando esa personalidad? ¿Qué hay detrás de ella? Uno, esa es la respuesta. Uno Mismo, El Observador, La Conciencia detrás de la conciencia, y muchas otras denominaciones que refieren a Quién Uno Es.
La personalidad “se desarma” cuando el Uno cambia de ámbito. Recordemos que ella es una muy útil herramienta para que el tipo “vivo”, viva. Ja…
El Uno retira su alma de este mundo. Por una única causa, y bajo cualquier circunstancia, eso siempre sucede, y siempre así será.
¿Entonces todo aquello que, en el momento de “morir”, yo sé, lo que supongo que soy?, ¿Qué pasa con eso? ¡TE AGUANTA UN POCO, por si vuelves, Y CAMBIA DE ESTADO! Y ese “te aguanta un poco” es lo que relatan los que volvieron de la muerte. Ellos pueden narrar sus primeras experiencias porque conservan ciertos rasgos de la personalidad que parcialmente los estuvo asistiendo en esa experiencia. Pero ¡CUIDADO!, nadie que haya vuelto lo ha hecho sin sufrir un cambio. Ahora tiene la misma, pero mejorada personalidad. El resto de ella ya se perdió (en realidad está mutando como lo suele hacer la energía).
Vamos a poner esto en línea: El tipo abandona este hermoso mundo, ya transcurrió su tiempo, la personalidad, digamos, se queda.
El tipo vuelve –casi siempre-, porque es inmortal y continúa su camino evolutivo, PERO NO ES EL MISMO, visto desde acá abajito, no es el mismo. Ni mismo cuerpo, ni gustos, ni tendencias. Poco, o nada, de similitud con lo que antes fue. Generalmente no recuerda quién hubo sido, y si lo hiciera, se vería como otro, y no ya como él mismo.
SÍ, SÍ, y sí, queda pendiente explicar donde está todo aquello que se aprendió en esta escuelita, el porqué no se recuerda, por qué se ha de volver, la incidencia del “tipo“de personalidad en este proceso, las variantes sobre el tema, y mucho más. Bueno, veremos si esto interesa.
AHORA TU OPINIÓN: ¿MORIMOS O SOMOS INMORTALES?
Con cariño, Filemón Solo